9 nov. 2019

Todo lo demás que no ves sobre Florilexio


Desde que llegué a Galicia, hace casi 12 años, y que conocí de cerca el idioma galego, fantaseaba con la idea de publicar un libro que reuniera el náhuatl, el español y el galego. El náhuatl como el galego, son lenguas que sobrevivieron al tiempo con muchas dificultades.

Ahora todo ha coincidido para poder hacer realidad ese libro. Poco a poco fuimos conociendo a artistas amigxs que admiramos, que respetamos, y que disfrutamos de su trabajo. Gente de aquí, de allá y de más allá.


Conocíamos a los y las autoras que participarían en un tentativo libro trilingüe, ahora faltaba reunirlos en un título significativo y poderoso. Buscando y rebuscando, de manera casual, llegamos en la RAG (Real Academia Galega) a la palabra "Florilexio", que suena como florileshio, la x tiene el sonido shhh, y es un sonido muy parecido al de la x en el náhuatl. 

Florilexio significa: “Colección de fragmentos literarios escogidos”.

Nuestro “Florilexio” reúne diez relatos con diez ilustraciones, más una preciosa portada, de artistas nacidas alrededor del Atlántico: Yellice Rodríguez Ces, Ramsés Figueroa, Paula Pereira, Paola Klug, Castrolara, Nezahualcóyotl, Marthazul, Mani Braga, Lola Zavala, Justo Ilhuicamina, Gilberto López, Flavia Lago Ballesteros, Fernando Prado, Elvira Fernández Pena, Cruz López, Augusto Metztli, Anastasio José Mora y Aida Alonso.

Los dos textos que incluimos en náhuatl, fueron escritos originalmente en ese idioma, después traducidos al español y ahora traducidos al galego. Otro de los relatos fue escrito originalmente en galego y el resto en español. El resultado me emociona.


Además conseguimos algo muy valioso e importante en estos tiempos, en Florilexio publicarán más autoras que autores.


La portada es una bellísima ilustración de Justo Ilhuicamina, artista mexicano que vive en Galicia desde hace muchos años. Es de los primeros artistas que conocí desde que vivo aquí, y desde entonces es un artista que aprecio y estimo. Aquí puedes leer una entrevista que le hicimos en el 2010.

Si quieres tener el libro en tus manos, puedes hacerte mecenas en el enlace de aquí vkm.is/florilexio (hasta el 18 de noviembre)Después tendrías que comprarlo en la web de la editorial tazalunarbooks.bigcartel.com


Por último te comparto este vídeo para que veas y escuches cómo hablan de nuestro libro en la TVG.




2 sep. 2019

En blanco - TREINTAIOCHO y último de la serie


En blanco - (TREINTAIOCHO, último de la serie y cuesta 75€)



Llevé a mis alumnas y alumnos al taller de grabado de Belinda Palomino, el "Sapo Panzón", la idea era que conociéramos las diferentes técnicas de grabado que ahí hacían, la artista gráfica Paty García, nos lo explicó todo.

Habíamos ido a ese taller porque Belinda Palomino era amiga de Gabriela Sierra, mi jefa, la directora de Omeyocán, la peculiar y experimental escuela donde yo era profesor de Historia del Arte y de Pintura.

Disfruté mucho el sitio y las explicaciones, pero ahí me di cuenta de algo que quería hacer para siempre: Pintar.

En una de las salas del taller de grabado, había una pizarra, dividida en columnas y filas, en ella había anotado pendientes como: "Llevar cuadro a Café Eco para la subasta", "Pintar cuadro para colectiva en Tlaquepaque", y alguno más que no recuerdo. Entonces pensé que yo quería tener "una lista" así, con cuadros por entregar.

Años después Belinda Palomino y Paty Gracía fueron portadas de la Revista Casiopea, una publicación que dirigía y que hacíamos con ayuda de mucha gente. 

De las cosas más emocionantes que hay para mí, es comenzar a pintar en un lienzo en blanco, disfruto mucho pintar. 

Por eso la serie Tlakati, que es un juego con el que celebro la vida, los detalles y lo cotidiano, acaba aquí, con un lienzo en blanco.

Pero para que sea más emocionante el final, debe haber alguien dispuesto o dispuesta a estar en mi pizarra de pendientes para poder escribir "Debo pintar cuadro para..." 

El último de la serie cuesta 75€ y si lo quieres, pintaré el último relato que me falta, pero solo sabrás lo que es, cuando veas el resultado final, el cuadro y la explicación solo la haré para ti. Nadie más la verá, salvo que la enseñes tú.

¿Te pongo en mi lista?

28 ago. 2019

Suena el piano, y comienzan a cantar, éstas son las mañanitas... - TREINTAISIETE


Suena el piano, y comienzan a cantar, éstas son las mañanitas..., 14 x 22 cm. Augusto Metztli, 2019. (TREINTAISIETE de la serie Tlakati - Proyecto 38 y cuesta 74€).



Mi abuelo se había caído de la azotea de su casa, del segundo piso al primero, al partirse la escalera de madera, porque estaba podrida por las lluvias del verano.

Se rompió los brazos y una pierna, tenía heridas en la espalda y la cabeza, apenas podía moverse y bajarlo de la azotea fue complicado. Durante muchos meses quedó inmovilizado de brazos y piernas, había que hacerle todo. Entre mi abuela, Soledad, sus hijas, algún hijo y nosotros sus nietos y nietas, nos turnábamos para atenderlo.

Yo me convertí en su secretario y me dio trabajo como ayudante de contador, así que con 14 años empecé a trabajar para él, llevábamos la contabilidad de un convento de monjas y de una casa-hogar para niños y niñas. Fueron tiempos difíciles para él, porque las cosas que amaba hacer requerían las manos y unas manos precisas, reparar cacharros electrónicos, tocar el piano o llenar infinitos libros de contabilidad, en ese momento para él, eran inalcanzables.

Pero era muy cabezón y practicaba mucho, pronto pudo caminar, con la ayuda de zapatos ortopédicos, los mismos que cuando se le acababan, me los regalaba y yo los usaba feliz, porque eran zapatos únicos y eran de mi abuelo. Poco a poco volvió a escribir y a comer completamente de su propia mano. El piano comenzaba a sonar torpe, pero se intuían las melodías.

Una tarde antes de irme a la prepa, pasé a saludar y a comer con mi abuela y mi abuelo. Me abrieron la puerta de casa mis primas las gemelas, me dijeron: "Augusto pasa y siéntate en el salón". Era muy misterioso todo, me pidieron que cerrara los ojos.

Sonó el piano y comenzaron a cantarme "Las mañanitas", abrí los ojos y ahí estaba mi abuelo tocando y con mi abuela cantando. Cuando terminaron me dijo mi abuela que llevaba semanas ensayando a escondidas, para que no lo viera.

Después del accidente que lo dejó inútil de los brazos durante tanto tiempo, la primera pieza de piano que tocó, fue para mí como regalo de cumpleaños. Y con el tiempo, también volvió a conducir su Tsuru gris azulado.






20 ago. 2019

La bebida más sabrosa y mágica que haya probado - TREINTAISEIS


La bebida más sabrosa y mágica que haya probado, 24 x 19 cm. Augusto Metztli, 2019. (TREINTAISEIS de la serie Tlakati - Proyecto 38 y cuesta 73€).



Entramos en el mercado de Cholula en Puebla. Los mercados de esa zona siempre me han resultado misteriosos, aún conservan muchas hierbas, preparados, ingredientes y comidas con nombres en náhuatl, son aromas y sabores que si creciste en el norte u occidente de México, desconoces y seguro te sorprenderán. Lo recorrimos casi todo, yo no sabía exactamente el motivo de haber entrado y mucho menos a dónde íbamos.

Nos detuvimos en un puesto más o menos a la mitad del mercado, había una mujer joven con su delantal y frente a ella una enorme cazuela con algo espumoso en su interior, a su lado había cuencos de barro decorados y un molinillo.

Hizo unos movimientos muy hábiles, pasando de un lado a otro el líquido espumoso con los cuencos, me dio uno y me indicó que usara las dos manos para sostenerlo y beberlo.

Fue entonces que aquella bebida fría y refrescante me alivió el calor que tenía, era deliciosa, una bebida fría de chocolate con agua, muy espumoso, porque usan el molinillo para batirlo, la espuma te hace cosquillas en los labios y el líquido te refresca de inmediato. Es sabroso, es dulce, pero no demasiado, lo justo.

Beberlo así, en ese lugar y de sorpresa, ha sido una de las experiencias de sabores que recuerdo con más cariño y con un halo de magia.

Años después, lo volvimos a tomar afuera de la hermosísima iglesia de Huejotzingo, también en Puebla... 






14 ago. 2019

Silvio dijo, yo nunca pido nada, pero les pido un poco de piedad... - TREINTAICINCO


Silvio dijo, yo nunca pido nada, pero les pido un poco de piedad..., 24 x 19 cm. Augusto Metztli, 2019. (TREINTAICINCO de la serie Tlakati - Proyecto 38 y cuesta 72€).


Comenzaba la FIL, Cuba era el país invitado, la emoción por los y las artistas que nos visitarían se sentía en el ambiente. Uno de los conciertos más esperados que se celebraría en la explanada de la Expo Guadalajara (recinto que acoge a la FIL) era de la Sinfónica Nacional de Cuba dirigida por Leo Brouwer y como invitado especial estaría Silvio Rodríguez para cantar cuatro canciones.

Por esas fechas yo trabajaba con un arquitecto diseñando casas horteras para ricos en el lujoso (y venido a menos) fraccionamiento de Bugambilias. Había descartado ir al concierto porque no sabía a qué hora acabaría mi jornada laboral. Por suerte no solo acabó a tiempo, además el que era mi jefe, bajaría a la ciudad de Guadalajara y me podría dejar a unas calles de la Feria del Libro. 

Llegué muy emocionado a la explanada, había mucha gente, quedé más o menos en la mitad del recinto, seguía llegando gente, éramos tantos que empezaban a ocupar uno de los carriles de la avenida, yo creo que al final tuvieron que cerrar ese tramo. Comenzaba el concierto, estábamos de pie expectantes, cuando de detrás se escuchó gritar "Siéntense, siéntense en el suelo". La gente de detrás nos pedía que nos sentáramos, como una ola de mar, miles de personas al unísono nos sentamos, en un acto de generosidad espontánea, así podríamos disfrutar y ver el concierto desde cualquier ángulo y distancia, mis rodillas se encajaban en las nalgas del de enfrente y mis nalgas se encajaban en las rodillas del de atrás, y no nos importó. Así estuvimos todo el concierto. Cuando miré para atrás, había gente arriba de los árboles y de las farolas, mirando el concierto.

Silvio cantaría las cuatro canciones finales, pero fueron siete, e insistimos tanto en que saliera de nuevo, que nos hizo caso, nos regaló la octava, y nos dijo: "De verdad, de verdad, hace mucho tiempo que no hago esto, yo nunca pido nada, pero les pido un poco de piedad".

Y comenzó a sonar "Te doy una canción".






7 ago. 2019

Cubrirme con una manta era mi refugio - TREINTACUATRO


Cubrirme con una manta era mi refugio, 22 x 13,5 cm. Augusto Metztli, 2019. (TREINTAICUATRO de la serie Tlakati - Proyecto 38 y cuesta 71€).


Eran las seis o siete de la mañana, y para encender la luz de la habitación, mi mamá me cubría con la manta, ponía un extremo metido detrás del cabecero, de tal forma que tapaba la luz y dejaba un espacio dentro, como si fuera una casa de campaña.

Desde los cinco años y hasta cumplir los diez u once, mi mamá y yo compartimos habitación, porque vivíamos en casa de mis abuelxs. Durante esos años ella se levantaba temprano para irse al trabajo y yo me quedaba en casa por la mañana, porque estudiaba la primaria por la tarde. Así que para no hacerme madrugar me tapaba de esa manera tan divertida.

Muchas veces me despertaba y ahí dentro, empezaba a imaginar viajes, proyectos, mezclaba los sueños con las letras de las canciones de la radio, baladas y pop de finales del 80. Fantaseaba que resolvía mis pequeños dramas, como escribir más rápido y dejar de ser el último en seguir el dictado de la profe, o no ser tan patoso y no caminar como un "chango" mareado para poder ser parte de la escolta de la escuela.

Algo tan sencillo como una manta modificando el espacio, resultado de un acto de cariño y empatía, se convertía en mi refugio desde el cuál poder ser niño.


"Me he bañado ayer por la noche con la luz de la luna...
y al volver a casa,
en mi cama
a la derecha encontré un plato lleno de tunas rojas,
a la izquierda, un plato lleno de tunas blancas,
afuera,
cerca de mi ventana; una carretón cargado con estrellas..."

Anastasio José Mora



31 jul. 2019

Ahora sé cómo saltan las conejas y conejos - TREINTAITRÉS


Ahora sé cómo saltan las conejas y conejos; 22 x 13,5 cm. Augusto Metztli, 2019. (TREINTAITRÉS de la serie Tlakati - Proyecto 38 y cuesta 70€).


Comía una pata de conejo, cuando me di cuenta de que comía una pata de conejo. Entonces decidí no volver a hacerlo. Me hice vegetariano y espero en un futuro hacerme vegano. Me imaginé a mí mismo desgarrando con mis dientes la patita de un ser bellísimo, pequeño y lleno de ganas de vivir y saltar. No me gustó la imagen.

Poco tiempo después conocimos a Libreta y Cartulino, Cartulino y Libreta, dos conejxs que por causas y azares son nuestrxs compañerxs de piso, de estudio y de vida.

He aprendido muchas cosas de ellxs, como a mover la nariz, a olisquearlo todo, o a comer verduras. Pero lo más significativo es gracias a una peculiaridad importante, el conejo sabe que es vulnerable, sabe que es la comida de otros animales, por eso es desconfiado, temeroso y precavido. Cuando un conejo quiere a un humano o humana, sucede un revolución que traspasa los instintos y las evoluciones genéticas. Un conejo dormido en el suelo, espatarrado y con la barriga al aire, es un conejo que sabe que está en un sitio seguro con la compañía correcta, y sus temores genéticos e históricos quedan de lado. Esa forma de querer y estar en el mundo es la que me han enseñado.

Todo en ellxs es breve e intenso, son bellísimos saltando. Lo hacen por tres motivos, para desplazarse, para huir y el motivo más chulo: La absoluta felicidad, es entonces que saltan sin control, sin sentido y sin dirección, solo saltan. Ahora lo sé.




24 jul. 2019

El café de Naku - TREINTAIDÓS


El café de Naku; 19 x 24 cm. Augusto Metztli, 2019. (TREINTAIDÓS de la serie Tlakati - Proyecto 38 y cuesta 69€).


En 1.997 me mudé a Puebla, entonces ya tenía un puñado de pinturas y poemas. Me inscribieron en la escuela de pintura municipal. Mi profesora era una pintora joven, enigmática y muy talentosa, se llama Aixa (la he googleado y no consigo encontrarla). Gracias a ella seguí pintando y aprendiendo.

"El Café de las Capuchinas" estaba a la vuelta de la escuela de pintura, era un sitio especial, estaba en la calle 9 oriente, ahora es un hotel. Era lo que se llama o llamaban un café cultural, donde había conciertos, exposiciones, recitales o proyecciones de películas.

Mi padre me presentó a Naku, la dueña del lugar, no recuerdo como surgió la idea, pero le propusimos exponer, editar un pequeño poemario y que el día de la inauguración leyera algunos poemas. Fue en noviembre y se llamó "El principio" (el nombre nos lo pudimos currar un poco más). Esa noche fue muy significativa para mí.

Días después volví al café, era la hora de comer, y pedí el menú del día, bebí café y al terminar le pedí la cuenta a Naku, pero ella me dijo una de las frases más bonitas que me han dicho: "Has expuesto aquí, ahora eres artista de la casa, y los artistas de la casa no pagan, de ahora en adelante puedes venir cuando quieras a comer y a beber café."

Naku me dio café y comida todas las veces que fui. Fue mi primera mecenas (fuera de mi familia), fue muy generosa conmigo en todos los ámbitos, me enseñaba música, le gustaba el jazz, el blues, y la trova, me presentó a otrxs artistas que expusieron en su local, me invitaba a ver películas chulas que proyectaba por las tardes. Ahí vi "El quinto elemento". Incluso me enseñó algo del incipiente internet.

No recuerdo con precisión a qué se dedicaba Naku además de ser una gran hostelera.




16 jul. 2019

Vinieron los Delfines - TREINTAIUNO


Vinieron los Delfines; 19 x 24 cm. Augusto Metztli, 2019. (TREINTAIUNO de la serie Tlakati - Proyecto 38 y cuesta 68€).


El agua del océano Atlántico que llega a Galicia es muy fría, durante años me resultó difícil meterme de cuerpo entero en el mar. Hasta que Marta me dijo el truco: "Métete sin pensarlo".

La primera vez que intenté aplicar el consejo lo pasé mal. La segunda vez fue mejor y desde entonces me meto al mar sin pensarlo, al punto que muchas veces somos los únicos que nos bañamos, porque ya no son fechas de bañistas veraniegos, o está nublado, o porque son las 9 de la noche.

Una noche de verano, estaba nublado y yo me metí al mar en gallumbos. Marta decidió quedarse en la orilla porque íbamos en modo paseo. Detrás de mí escuchaba ruidos de chapoteo pero no les di la menor importancia, hasta que los sentí muy cerca, no eran los típicos peces que vemos muy a menudo saltar en el agua, eran mucho más grandes, eran delfines y eran dos. 

No entendía cómo estaban tan cerca de la orilla, me pareció asombroso poder nadar juntos. Así como vinieron se fueron. Marta estaba haciendo fotos y vídeos  del entorno, así que más o menos pudo registrarlo, tenemos un pequeño vídeo. 

Oscurecía, ya casi no se veía nada, volvimos a casa, pero desde entonces todo era un poco mejor porque vinieron los delfines a nuestro lado. 







9 jul. 2019

El millo protege al pimiento, el pimiento protege al millo... - TREINTA


El millo protege al pimiento, el pimiento protege al millo...; 14 x 22 cm. Augusto Metztli, 2019. (TREINTA de la serie Tlakati - Proyecto 38 y cuesta 67€).


Para ir a Santiago de Compostela en tren, si vas desde aquí (Vilagarcía), hay que pasar por Padrón, de donde son los famosos "Pimientos de Padrón" que en realidad son de una aldea llamada Herbón. Marta y yo desde hace años hacemos ese recorrido, hay temporadas que incluso una vez por semana.

A pesar de llevar tanto tiempo viendo los mismos paisajes, no me había dado cuenta de un detalle que ha cambiado mi manera de percibir el tiempo, la distancia y la gastronomía. 

El pimiento que hay en Herbón lo trajeron de Mesoamérica, hace como 300 años, unos frailes franciscanos, y es como el chile jalapeño o serrano que hay en México. Ahora se cultiva mayoritariamente en invernaderos pero también los hay en las huertas, al aire libre y es ahí, mientras el tren está parado en la estación de Padrón, donde vi algo que llamó mi atención. Las leiras tenían los pimientos en el centro y las milpas alrededor de ellos, de manera perimetral, como si fuera un vayado de milpas de maíz. Y ese patrón se repetía en más y más huertas.

Averigüé por qué lo hacían, si era casualidad o no tenía importancia, y la respuesta no la encontré aquí, sino en México. Los mexicas y demás habitantes de mesoamércia, sabían que la triada maíz, chile y frijol o calabaza, son cultivos que han convivido juntos desde hace miles de años, desde que el humano domesticó las semillas, esa triada se protege la una a la otra, de las inclemencias del tiempo y de las plagas, no se pelean los nutrientes y además se complementan entre ellas.

Cuando trajeron el cultivo de pimientos, trajeron los conocimientos milenarios para cultivarlo con su eterno acompañante, el maíz o millo como le llaman aquí.

La historia de toda una civilización en una huerta de una pequeña aldea llamada Herbón. 





3 jul. 2019

Luna la cachorrita - VEINTINUEVE


Luna la cachorrita; 16 x 22 cm. Augusto Metztli, 2019. (VEINTINUEVE de la serie Tlakati - Proyecto 38 y cuesta 66€).




Luna y yo nos conocimos cuando ella era una cachorrita y yo terminaba la carrera de arquitectura. Pasé muchas noches sin dormir, haciendo los trabajos de los últimos años de la facultad, con Luna acurrucada en mis piernas o a mi lado. El primer día que llegó era pura barriga, mientras yo dibujaba planos y hacía maquetas se puso a cagar en el comedor y en el salón, yo no entendía cómo podía caber tanta caca en una ser tan pequeñita. 

Luna ha sido una de mis mejores amigas de la vida, nos quisimos mucho mucho, siempre estuvo conmigo, siempre estaba a mi lado, ahora entiendo mejor su amor. Como es costumbre, nosotrxs lxs humanxs comprendemos las cosas con el tiempo y con la distancia.

Me quería, me cuidaba, me protegía, me acompañaba, me extrañaba, me hacía feliz, me lengüeteaba, hizo mucho más por mí que yo por ella.

La recuerdo con todo mi cariño y lamento profundamente su muerte.

Ahora solo puedo pintarla.