21 feb. 2019

En mi ventana llueven jacarandas - TRECE

En mi ventana llueven jacarandas; 24 x 14 cm. Augusto Metztli, 2019. (TRECE de la serie Tlakati - proyecto 38 y cuesta 50€).


La última publicación que hice en México antes de venir a Galicia se llamó "Revista Xolótl", era un fanzine surgido de la necesidad de difundir los textos de Eduardo Galeano de su libro "Patas arriba", lo distribuía en bares, restaurantes, centros culturales, y cualquier lugar que me permitiera dejarle un puñado de ellos. El fanzine era gratuito, lo podía imprimir gracias al patrocinio de dos restaurantes, estaba dividido en secciones, la primera era un texto de Galeano extraído de ese libro, y el resto de secciones eran colaboraciones de colegas. Entre ellas había un reto que se llamaba "Epitafio" o algo similar, y la idea era que mis conocidos y conocidas escritoras escribieran un minitexto con la estructura de un epitafio, sin que necesariamente fuera el que se usaría en una tumba, más bien un texto breve pero muy poderoso.

Entonces llegó a mis manos uno de ellos, el más hermoso, poético, cósmico, mundano, natural y atemporal que hubiese leído. Decía: "En mi ventana llueven jacarandas". No volví a publicar un nuevo número de la "Revista Xólotl".

Yvonne Bagnis es la autora del texto. Las jacarandas tiñen de violeta varias ciudades de México, su belleza no la supe apreciar entonces, es muy absurdo. Pero la belleza de las jacarandas y de otras tantas cosas, rituales, aromas, sensaciones y sabores de México, las he aprendido a apreciar con la distancia de unos cuantos miles de kilómetros.

Desde antes, desde entonces y hasta ahora, siguen lloviendo las jacarandas, tal como las ve Yvonne en su ventana. Gracias.





14 feb. 2019

El edificio cuántico naranja - DOCE


El edificio cuántico naranja; 22 x 12 cm. Augusto Metztli, 2019. (DOCE de la serie Tlakati - proyecto 38 y cuesta 49€).


Durante años, el paso del tiempo lo medí y entendí con el cambio de mi reflejo en las enormes puertas de aquellos edificios.

En la calle de Concepción Béistegui 2103, de la ciudad de México, hay un conjunto de edificios. A principios del 80 mi abuela y mi abuelo compraron uno de los departamentos del cuarto piso, era amplio, bien distribuido, el suelo de madera, ventanas grandes, bien iluminado y ventilado.

Esos edificios eran una minúscula ciudad dentro de una de las ciudades más grandes del mundo, tenían conserje y cuidador, "la Emperatriz" es la tendera de al lado y te llevaba a casa lo que le pidieras por teléfono. En la mayoría de los departamentos había mujeres jóvenes, emigrantas, indígenas que limpiaban y hacían el trabajo de los hogares burgueses capitalinos.

Ahí llegué de bebé, mi abuela me cuidaba mientras mi madre y padre trabajaban, decía que le demostraba con locura mi amor, era verla y pedirle que me cargara en sus brazos. A los pocos años mis abuelxs se fueron a Guadalajara, y se quedaron mis tías mientras estudiaban en la universidad, después también ellas se fueron y se convirtió en el hogar familiar de otra tía, su marido y sus hijos, es decir, mis primos, con los que siempre vacacioné.

Entre dos de los bloques de edificios había un pasillo que comunicaba el patio delantero con el trasero, cuando caminabas o corrías por ahí, se escuchaba "clac clac clac clac". La altura de los edificios hacían de los pasos un eco muy peculiar, un sonido que subía al cielo, parecía que eras uno y muchos a la vez.

Un día por una tragedia familiar, ese departamento lo vendieron, tiempo después murió Salma, hace más de veinte años de aquello. No volví, no recuerdo cuándo fue la última vez que subí las escaleras, miré por la ventana o caminé por ese pasillo cuántico.

Dicen que los chavales de ahí tenían un juego secreto, para ser "respetado y aceptado" debías de saltar de un edificio a otro. No sé si alguien lo hizo o no, pero la imagen de aquello siempre me ha rondado en la cabeza.

Había dos jardines, con árboles preciosos que daban sombra y frescor en el verano. 






7 feb. 2019

Un puñado de veranos más - ONCE


Un puñado de veranos más; 14 x 22 cm. Augusto Metztli, 2019. (ONCE de la serie Tlakati - proyecto 38 y cuesta 48€).


Murió en un accidente de coche, ella iba de copiloto, su novio conducía, él sobrevivió. Era una de mis grandes amigas de infancia y juventud, a pesar de no vivir en la misma ciudad. Me gustaba ir de vacaciones al DF para jugar con ella, con mis primos y con su pandilla en aquel patio de la colonia Narvarte.

Si vas al DF desde Guadalajara, y sales por la noche, el autobús llega muy temprano, poco después de las 6 de la mañana. En ese entonces (hace 25 años) pillabas un taxi y en 20 minutos estabas en Zempoala, esquina Concepción Beistegui.

Llegué temprano y me puse a dibujar en la mesa del comedor para no despertar a mis primos, recuerdo que copié a todos los personajes de Strett Fighter II de la revista Club Nintendo, pasé tanto tiempo dibujando que despertaron, desayunamos y yo seguía, me apetecía terminar. Ellos bajaron a jugar al patio del edificio y de repente escuchaba que me gritaban: ¡Baja!, ¡Baja!

Me asomé por la ventana y estaban todos, incluyendo Salma, se escuchaban sus patines hasta el cuarto piso donde me encontraba. Traía la camiseta blanca con rayas rojas que le había regalado la vez anterior que nos vimos.

Jugábamos al STOP, a bote pateado, al Super UNO, al cinturón escondido, al bebeleche, con la pelota, a perseguirnos, daba igual qué hacer, a las pandillas lo que verdaderamente les interesa es pasar el tiempo juntos y juntas. Comíamos y bebíamos cualquier cantidad de comida basura. Hablábamos de dibujos, películas y series de televisión. 

Ella solo vivió un puñado de veranos más.







31 ene. 2019

Déjame si estoy llorando Suzie Q... - DIEZ

Déjame si estoy llorando Suzie Q; 14 x 22 cm. Augusto Metztli, 2019. (DIEZ de la serie Tlakati - proyecto 38 y cuesta 47€).


Él llegó a casa en un VW Sedan del 70 (un vocho color chicle), duró unos pocos años más, por lo que hubo que cambiar de coche. Un compañero del trabajo de mi mamá vendía su cuidadísimo Dart gris, ese sería el nuevo coche en el que nos moveríamos. Tenía una magnífica casetera autorreversible, era amplio, por dentro era color granate y estaba muy bien para ser un coche con más de quince años.

La ruta habitual era Tepic - Guadalajara, Guadalajara - Tepic, en otras ocasiones hasta el DF, o Guanajuato o recorriendo todo Nayarit.

Viajar con música se hizo imprescindible. Había que hacer acopio de casetes, y como bien sabe la gente que ha viajado en coche y es más de uno, la música dentro de un viaje se decide por consenso. 

Los Creedence eran imprescindibles, igual que Los Ángeles Negros. Por eso Nayarit suena a "Have you ever seen the rain?" o a "Déjenme si estoy llorando". Por eso la lejana batería de Oh Suzie Q del comienzo era lo mismo que ver las sombras largas de la carretera al atardecer. Y "Murió la flor" es lo mismo que leer "Bienvenido a Tepic".

"Someday never comes" huele a la melaza del ingenio azucarero del centro de Tepic, "Y si las flores pudieran hablar" se terminaba a la mitad, porque habíamos llegado a nuestro destino en la calle Zapata.







24 ene. 2019

La novena sinfonía - NUEVE


La novena sinfonía; 14 x 22 cm. Augusto Metztli, 2019. (NUEVE de la serie Tlakati - proyecto 38 y cuesta 46€).


Hacíamos la compra semanal en un Walmart cerca del centro de la ciudad de Puebla, mi papá y yo íbamos los viernes por las tardes cuando él salía del trabajo. En esas tiendas venden de todo, como él es muy curioso me llevó a la sección de discos y me enseñó dos, uno era de Vivaldi y el otro era de Beethoven, eran los típicos cd´s que nadie compra y que por lo tanto venden muy baratos. Nos los llevamos.

Vivaldi me entusiasmó pero Beethoven me conmovió y me removió por dentro, fue precioso descubrirlos. La Novena Sinfonía de la que ya conocía un movimiento, el que llaman "himno u oda a la alegría" me hacía sentir de todo menos alegría, más bien introspección, ganas de vida.

Uno o dos años antes (en 1994) habían estrenado la película "Immortal Beloved" donde Gary Oldamn interpreta a Beethoven. Un día la alquilamos y después de verla, fue aún más emocionante escucharlo, pues ahora conocía su vida. Hay una escena donde el Beethoven viejo, recuerda al Beethoven niño corriendo de noche por el bosque y huyendo de casa rumbo a un lago, mientras la Novena Sinfonía lo impregna todo, la realidad, su realidad, sus recuerdos, los míos. 

El cielo de noche estrellada y con luna llena se refleja en el lago, Beethoven niño se mete al lago y comienza a flotar en el agua, y todo comienza a moverse, parece flotar en el aire, en la música.

Por eso me gusta y por eso vuelvo a la Novena Sinfonía. Es un lugar.





17 ene. 2019

Nadando entre cocodrilos - OCHO


Nadando entre cocodrilos; 14 x 22 cm. Augusto Metztli, 2019. (OCHO de la serie Tlakati - proyecto 38 y cuesta 45€).


Siendo niño comencé a conocer Nayarit, es un lugar en el que me siento feliz y que también considero "hogar", en esas tierras todo me resulta mágico. En San Blas, un municipio costero de Nayarit, encuentras el Parque Nacional la Tovara, que forma parte de los humedales más importantes del planeta, el agua de los manantiales se junta con el agua del océano Pacífico, formando espectaculares paisajes que son el hogar de flora y fauna muy singulares, incluyendo cocodrilos.

Viajar en barca entre los manglares y recorrer kilómetros de vegetación infinita es una experiencia emocionante y que nos permite conectar con aquellos humanos que fuimos. Uno de los destinos del recorrido por los manglares es un ojo de agua, donde detienen la barca y puedes nadar o comer en un restaurante. Hace años todo era más improvisado, y el espacio para nadar estaba dividido por una rudimentaria valla submarina para evitar que los cocodrilos entraran, desde luego que los cocodrilos siendo tan inteligentes y hábiles no la respetaban, así que cuando querían cruzar la saltaban y punto. Por eso en cada extremo de la valla había un chaval para avisar si veía algún cocodrilo con intenciones de saltar. 

Nosotros nadábamos muy cerca de la valla, disfrutando de las aguas cristalinas, cuando comenzaron a gritar los chavales: ¡Cocodrilo, cocodrilo!

Yo creo que nunca nadé tan rápido, todos los que estábamos en el agua llegamos a la orilla y nos empezamos a reír y carcajear de los nervios, yo creo que a nadie de nosotros nos habían perseguido antes los cocodrilos. Creo recordar que no pudieron merendarse a nadia ;-).

Nadar entre cocodrilos es algo que no volvería a hacer. Me llega con recordarlo.




10 ene. 2019

Bugambilia y anís - SIETE

Bugambilia y anís; 15,5 x 24 cm. Augusto Metztli, 2019. (SIETE de la serie Tlakati - proyecto 38 y cuesta 44€).


La esquina de la calle 13 Poniente y 3 Sur de la ciudad de Puebla, son un puente cuántico que me hace saltar entre el presente y el pasado como un neutrino: Una bugambilia decenaria y seguramente con más años que yo, da sombra y color al parque de Santa Inés que se encuentra en esa esquina, cerca de ahí vive mi abuela, cerca de ahí también vivió mi bisabuelo, y a unos pasos más tuvo su taller de zapatero, por eso plantó aquella bugambilia. Amaba ese sitio.

A unos metros vivía de manera muy sencilla, mi tía María, en una pequeña habitación al fondo de una vieja vecindad, de esas que abundan en Puebla. Mi tía María iba a misa todos los días, con paso lento y sosteniéndose de lo que podía, mi abuela le llevaba sus comidas diarias. A ella le gustaba vivir sola.

En su habitación tenía dos camas, yo alguna vez dormí en una de ellas. Recuerdo que de niño después de visitarla te tomaba de la mano, la abría y colocaba unos caramelos de anís y algunas monedas de a peso. Te miraba y te decía que no tenía más para darte y era cierto, me daba su bendición y le reñía a mi padre, siempre tenía un buen motivo para hacerlo. Tía María era el fin de aquel puente.

Bugambilia y anís, son los colores, aromas y sabores que unen la delicada línea de nuestro tiempo.



3 ene. 2019

El fuego de la noche - SEIS


El fuego de la noche; 16 x 22 cm. Augusto Metztli, 2019. (SEIS de la serie Tlakati - proyecto 38 y cuesta 43€).



El único "fuego de la noche" significativo que había conocido a los 14 años, era el de mi uniforme de la escuela quemándose en la azotea del edifico donde vivía en ese entonces. Los tres años de la secundaria (los que estudiamos en México después de la primaria) no fueron de mis años favoritos dentro de ahí. Por eso cuando terminé, me prometí quemar el uniforme a manera de exorcismo. Y así lo hice, acompañado de una fiesta de despedida en la cual hubo algunos colegas con quemaduras menores. Me prometí no volver a usar uniformes ni cortarme el pelo (promesa a la que he faltado muchas veces).

El siguiente "Fuego de la noche" fue el de La Barranca, uno de mis discos favoritos, y mientras lo escuchaba hice mi primer cuadro al óleo con una intención expresiva, con ganas de comunicar algo. Es un disco poderoso, místico y mestizo, como el cuadro que intentaba pintar en ese entonces. Lo publicaron en 1996. Nunca había escuchado algo así, más de 20 años después sigo sin hacerlo.

"Puedo sentir que la vida
 se nos consume en un instante
 y en ese instante
hay otro instante
que deslumbra más"





27 dic. 2018

El guayabo radical - CINCO


El guayabo radical; 16 x 24 cm. Augusto Metztli, 2018. (CINCO de la serie Tlakati - proyecto 38 y cuesta 42€).


Yo nací en la ciudad de México. Nos mudamos a la ciudad de Guadalajara cuando tenía cinco años, habitamos la casa de mi abuela y de mi abuelo (maternos). En ese barrio, las casas tenían un pequeño jardín en la fachada y otro pequeñito en la acera. Ahí crecía un guayabo, en ese entonces había guayabos por todas partes. 

Era una escena común, pasear por la calle y cortar una fruta y comerla al andar.

Todo crecía en la casa de mis abuelxs, crecía yo, crecía el guayabo.

La primera vez que dio frutos, le fueron arrancados todos por los niñxs y gente del barrio.

La siguiente vez que debía dar frutos, no lo hizo, y la siguiente tampoco, nunca más volvió a darlos. Cuando le preguntaba a mi abuela por qué el guayabo ya no daba guayabas, ella me decía que era de tristeza.

Ahora con el tiempo, creo que no era tristeza lo que le pasaba al guayabo, o sí, pero su reacción fue "radical", no le gustó la manera en que le arrancaron sus frutos y decidió no volver a darlos.

Le agradezco su sombra, su figura, sus sonidos, sus colores, su coherencia y ayudarme a entender la palabra "radical".

Muchos años después lo cortaron, no sé con precisión el por qué y el cuándo. Ahora ya no está, pero a menudo lo recuerdo. Ya no es "El guayabo triste" para mí es "El guayabo radical".






20 dic. 2018

Tadeo significa valiente en arameo - CUATRO

Tadeo significa valiente en arameo; 23 x 19 cm. Augusto Metztli, 2018. (CUATRO de la serie Tlakati - proyecto 38 y cuesta 41€).


Cuando era niño tenía tres certezas sobre el funcionamiento del mundo: los alimentos empaquetados, productos de limpieza y demás enseres domésticos se compraban en el supermercado, los alimentos frescos se traían del tianguis de los jueves y los milagros los realizaba san Judas Tadeo.

Gracias a mi abuela materna "Encomiéndate a san Judas Tadeo" ha sido siempre una muletilla en mi cabeza.

Y así lo hago, incluso siendo ateo. 

Mientras caminaba por las calles de Puebla en México, hace más de 20 años, pasé por una tienda de santos y vírgenes, entré y pedí una virgencita de Guadalupe y un san Judas Tadeo, ambas figuras de tamaño pequeño. Les hice su altar en mi habitación, junto a mis libros, mi música y mis pinturas. La Guadalupe la regalé con mucho cariño, san Judas Tadeo aún lo conservo. Es de las pocas cosas que me traje aquí a Galicia en mi maleta.

Mi abuela materna me regaló el novenario a san Judas Tadeo, ese novenario que ella ha rezado tantas y tantas veces por toda la gente que lo ha necesitado, con el tiempo me he convertido más que en un devoto en un fan de él.

San Judas es mi rey del pop. Tadeo significa valiente en arameo...


Detalle del medallón de san Judas Tadeo


13 dic. 2018

El Marakame volador y el viaje a Ixtlán - TRES


El Marakame volador y el viaje a Ixtlán; 27 x 16 cm. Augusto Metztli, 2018. (TRES de la serie Tlakati - proyecto 38 y cuesta 40€).


Cuando llegó a mi manos el libro de Viaje a Ixtlán de Carlos Castaneda yo vivía en Casa de mis abuelxs por un corta temporada, antes de mudarme a no sabía con certeza qué nueva ciudad. Abrí el libro poco después de la cena. Y comenzó la magia. Cerré el libro al día siguiente, lo leí de una sentada, nunca había hecho eso.

Los libros de Castaneda hablan de las experiencias que el autor tuvo con el chamán o brujo Juan Matus. Toda la magia que describe, en ese entonces yo ya la intuía, aún lo hago.

Ya conocía historias de lxs marakames wixarikas, de hecho tenía una foto en blanco y negro preciosa de uno de ellos. Conocía la ceremonia de "borrarse del mundo" o lo simbólico del Tsik ri (ojo de dios). Cuando al final del libro narra la experiencia de Genaro, un amigo de don Juan que viajaba de vuelta a Ixtlán, y él le pregunta si había llegado a su destino, don Juan le explica que:

"—Todos aquellos con los que Genaro se encuentra en su camino a Ixtlán son nada más seres efímeros —explicó don Juan—. Tú, por ejemplo. Eres un fantasma. Tus sentimientos y tu ansiedad son los de la gente. Por eso dice que sólo se encuentra viajeros fantasmas en su viaje a Ixtlán.
De pronto me di cuenta de que el viaje de don Genaro era una metáfora.
—Entonces, su viaje a Ixtlán no es real —dije.
—¡Es real! —repuso don Genaro—. Los viajeros no son reales..."

Si vas por carretera desde Jalisco a Nayarit, entras sí o sí por Ixtlán y después encuentras las piedras del volcán el Ceboruco, que bordean la carretera, sigues a Jala y así hasta llegar a Tepic. Después de leer ese libro, los cerros, las nubes, la niebla, los árboles, el paisaje, el movimiento, el sol, las sombras, el reflejo, los aromas y el camino tuvieron un nuevo significado para mí. Aún me asombra y aún me resulta mágico. Muchas veces imagino a don Genaro volviendo a Ixtlán y lo veo pequeñito volando entre los cerros, o a don Juan o a su pupilo, o al marakame de la foto. Siempre imagino que ahí, entre los cerros, sucede alguna batalla épica intentando "Parar el mundo".

Todos de una u otra forma, estamos haciendo nuestro propio viaje a Ixtlán.