"Abuela salvaste mi Rambo", pegatinas (calcomanías) tamaño A6 pegadas a lo largo de una semana en el muro de ilustradorxs en FILustra, en la FIL Guadalajara en México, diciembre de 2024.
"Abuela salvaste mi Rambo", pegatinas (calcomanías) tamaño A6 pegadas a lo largo de una semana en el muro de ilustradorxs en FILustra, en la FIL Guadalajara en México, diciembre de 2024.
Mi abuelo y abuela maternas compraron un comedor cuando nació una de sus hijas, no recuerdo cuál, pero seguro eso pasó hace más de cincuenta años. Yo no he conocido otra mesa y otras sillas en casa, son las de siempre. Las han retapizado varias veces y ahí siguen. Cuando estoy sentado en esas sillas y apoyado en esa mesa, me siento seguro y los recuerdo a ellxs con cariño.
Ir en diciembre del 2024, por mi cumpleaños y a la FIL de Guadalajara me hizo mucha ilusión, porque mientras viví ahí, mi cumpleaños me lo celebraba en esa feria comprando y viendo libros. En este último viaje, me levantaba temprano, desayunaba e iba a la feria, todos los días había cosas por hacer, me apunté a talleres, participé en una charla, presenté el nuevo libro de Tazalunarbooks, y asistí como público a otras tantas. Y claro, compré muchos libros.
Al ir caminando me sorprendió el intenso calor que hacía, el sol abrasador tan temprano, no lo recordaba así, la hierba de los jardines estaba amarilla u ocre, seca por la falta de agua. Hacía muchos inviernos que no había estado ahí.
Al volver a Galicia, me apeteció pintar "La silla de la abuela en medio del camino", la hierba seca fugada del camellón de la avenida Arboledas y los tonos vibrantes del cielo de allá.
Mi abuela materna me cuidó desde que era niño y me compartió muchos de sus saberes, costumbres y hábitos. Siempre llevo en mi mente las frases que me decía, he intento repetirlas y hacer a diario.
Hoy 2 de abril sería su cumpleaños, murió el año pasado (2023). Las últimas veces que la vi me decía que no le temía a la muerte, que estaba preparada y que ya se quería ir "con dios nuestro señor" y encontrarse con mi abuelo. A ella le esperaba el paraíso, su paraíso. Sus últimos años de vida creo que fueron tiempo extra para ella, ya estaba muy cansada. Pero aún así disfrutaba de los caramelos, el pastel de chocolate, las novelas de la tele, las lecturas de sus novenarios e historias de santos, santas y la compañía de familia y amistades.
Cuando te veía te sonreía, te bendecía, cuando te ibas, te bendecía y te sonreía de nuevo.
Al decirle "te quiero mucho" ella respondía: Yo más.