22 dic. 2010

Cables secretos o cortar el cable

Tinta de chopo con tinta china sobre papel

Se nos adelantó a una velocidad insospechada la era digital; a nosotros, a los gobiernos, a los policías y jueces, a los servicios secretos, a las leyes.

Hemos sido testigos de cómo los investigadores, los espías, los informantes y todos los que sigilosamente espiaban, manipulaban y redactaban los documentos secretos han sido boicoteados y descubiertos, a un punto tan patético que yo no sé con qué cara Hillary Clinton podrá seguir haciendo vida pública. El espía es espiado, el chivato es chivateado, el manipulador es puesto en evidencia.

I
nforme e informante se hacen públicos, se desmiente y se indaga en tal o cual hecho y la influencia que han tenido en ello los empresarios y diplomáticos norteamericanos. Ha sido un año digitalmente convulso.

Uno de los últimos frentes sin poder ser del todo controlado como lo es el internet (salvo en algunos países con serios problemas de libertad de expresión como China) está siendo amenazado; con leyes (como la llamada ley Sinde), con denuncias, con el cierre de páginas web, con la manipulación de información, bloqueando los buscadores, o editando el contenido web de ciertos países y evitando el acceso de ciertos contenidos a los ciudadanos.

Ciberataques oficiales a páginas que ponen en peligro el establishment global y contraataques de ciberguerrillas a páginas de todo tipo, oficiales, bancos, políticos en concreto, y a toda aquella amenaza a la libertad de expresión y a la libertad de información y contenidos que algunos consideran que debería fluir por la red sin condiciones.

El bloque de naciones afectadas por las filtraciones alegan que la diplomacia internacional es proporcional a su capacidad de guardar en secreto la información y los comunicados entre los gobiernos y sus representantes. No deben ser vulnerados, porque pueden poner en peligro la vida de algún diplomático o afectar a las buenas relaciones entre países. Pues si es así, lo que deben mejorar son sus sistemas de encriptación, sus redes y toda su infraestructura de comunicación.

A diferencia de otros tiempos, ahora no basta con cortar el cable, no basta con vendar los ojos y no basta con contar la versión oficial, porque antes de que el "Estado" hable ya lo habrán hecho miles de personas anónimas en la red contando su propia versión. Adelantándose a su tiempo.






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