20 may. 2010

Voces que oran por un cambio. Escrito por Deborah Castro Mariño / Laura Vianey Torres Sánchez

Tinta de chopo con tinta china sobre papel

Escrito por: Deborah Castro Mariño / Laura Vianey Torres Sánchez

Más de 6.000 curas en España están casados

La culpa es del amor. Ese sentimiento tan etéreo como abstracto que algunos sacerdotes sólo quieren entregar a Dios y otros quieren compartir, pero no pueden. Con los ojos cerrados y el carisma a flor de piel viven los curas que, sin resentimiento alguno, dedican su vida a Dios y a la Iglesia, con un amor sin reservas que predican en silencio a través del celibato. Pues sólo siendo célibe, el sacerdote puede ser sacerdote y hacer de la Iglesia su esposa gloriosa, santa e inmaculada, como escribió el Papa Pablo VI en su encíclica Sacerdotalis Caelibatus. Y el que no esté dispuesto, ha de volver a su estado laical. Al menos en principio.

Tú puedes tener la vocación de sacerdote y no la vocación de célibe”, dice Torres Queiruga

Moceop (Movimiento por el Celibato Opcional), el principal colectivo religioso que defiende la causa en España, calcula que de los 27.000 curas que hay actualmente en el estado, más de 6.000 están casados. “En realidad, yo creo que no es tanto el número de secularizados que han dejado los hábitos, sino el problema de fondo que crea la situación. La Iglesia no sabe o no quiere ver esa situación y no sabe dar una respuesta acertada. Qué más da que sean 6.000, 3.000 o 2.000”, dice Gumersindo Meiriño, uno de los sacerdotes gallegos que han contraído matrimonio. Pese a que algunos tachan de “absurdas” las cifras, como Xosé Fernández Lago, director del Instituto Teológico Compostelano, sin duda se trata de números difíciles de concretar debido, principalmente, al silencio hermético que practican desde la propia Iglesia. Un mutismo que afecta, incluso, al ejercicio del sacerdocio donde se conocen casos de curas que han sido readmitidos después de secularizarse.

“Se supone que hay excepciones de curas que están casados y a los que se les permite, un poco bajo cuerda, el ejercicio de su actividad. Incluso ya hay algunos que empezaron a tener una actividad sacerdotal estando casados sin llamar mucho la atención, haciendo una reivindicación. Mientras los obispos correspondientes no tengan un conocimiento fehaciente de la situación, pues hacen que no se enteran”, comenta Bernardo, quien decidió retirarse por un tiempo indefinido del ejercicio sacerdotal. “Hay algún secularizado que es más cura ahora que antes”, reconoce Fernández Lago.

Y es que en anteriores etapas de la historia, hablar de vocación no implicaba necesariamente hablar de celibato. “Tú puedes tener la vocación de sacerdote y no la vocación de célibe. No son cosas que estén unidas porque no están unidas en la misma formación del cristianismo. Jesús sí era célibe, pero la mayoría de los apóstoles estaban casados”, explica el teólogo Andrés Torres Queiruga.

Comienzos de una revolución

Las primeras normas eclesiásticas sobre el celibato datan del Concilio de Elvira, celebrado en España en el siglo IV. Fue a partir de entonces cuando comenzaron a brotar las disconformidades. “En la historia ha costado y ha sido impuesto por el gobierno eclesial. No ha sido una cosa que haya nacido de la base”, asegura Torres Queiruga.

Una imposición que sólo afectó a la Iglesia del Rito Latino. “En otras Iglesias, incluso Católicas [como] la Oriental, los sacerdotes se casan. Por lo tanto el celibato no puede ceñirse a la estructura dogmática y doctrinal de la Iglesia”, dice Segundo Pérez López, delegado, para este reportaje, del arzobispo de Compostela Julián Barros. La coexistencia de sacerdotes célibes con los que han creado su propia familia, permite a las personas a favor del celibato opcional mirar al futuro con cierto grado de optimismo. “Lo que un día puso la Iglesia, la misma Iglesia lo puede cambiar. En los primeros siglos, el Papa y los obispos estaban casados”, dice Bernardo. Para Meiriño este cambio sería enriquecedor. “La Iglesia necesitaría abrir las ventanas y no estoy pidiendo nada raro. Es lo que pidió Juan XXIII: que teníamos que abrir las ventanas para que entraran aires nuevos que ventilaran”, señala. “Yo estoy convencido que sí, porque la base teológica con la que esto se justificaba ha cambiado”, afirma Torres Queiruga.

En los primeros siglos, el Papa y los obispos estaban casados”, dice Bernardo

Más escéptico se muestra Fernández Lago. “No puedo hacer de profeta, pero desde luego la Iglesia va a ser remisa en renunciar al celibato”, apuntala antes de añadir que la aprobación de la vida célibe opcional acabaría plenamente con el carisma del celibato. “Porque tendrías que buscar una persona que pudiera superar todas las presiones de la sociedad para continuar siendo célibe”, se explica.

Pese a que desde el punto de vista jurídico no existen dificultades para reconocer el celibato opcional, Segundo Pérez asegura que hay problemas de carácter doctrinal. “Son 2.000 años de experiencia y la Iglesia nunca toma decisiones que pudieran suscitar una ruptura o un trauma dentro. El valor espiritual del celibato me parece que es muy difícil de suprimir de un plumazo, de un día para otro, y tampoco sé si se debe suprimir. Creo que es necesario que se vayan abriendo cauces de libertad para ir asumiendo esa realidad”.

Una libertad que, para algunos, comporta riesgos. Y es que cuando el amor está dividido y uno no se puede entregar totalmente a Dios en cuerpo y alma, se pierde el sentido del celibato, aseguran sus defensores. Los más liberales, por su parte, contraatacan argumentando que la dedicación al estudio y a la Iglesia depende más de la vocación y de la entrega personal, del empeño en conseguir la armonía entre la vida pastoral y la familiar. “Hay sacerdotes que no trabajan más que nosotros”, apunta Torres Queiruga. Y es que las revoluciones son para los que oran por un cambio. Porque como dice Meiriño: “Hay mucha agua estancada y hay que remover. El río tiene que seguir corriendo, la vida corre y sigue como el río; y la Iglesia tiene que seguir evolucionando”.

María Benetti, la esposa de un cura

Historia del celibato


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