14 abr. 2010

Las manos limpias de sangre


Tinta de chopo con tinta china sobre papel


Me gustaría como a muchos compañeros, que en México hubiera un Garzón que condenara a los asesinos de estudiantes, civiles, campesinos, periodistas, profesores, intelectuales, indígenas, los del 68, de los 70's, de Acteal, etc., que intentara recuperar sus cadáveres tirados al mar o enterrados en el monte y hacerles los honores.

Que ordenara una investigación a Salinas de Gortari, o a los que firmaron un tratado de libre comercio que como es evidente dejaba en desventaja a los productores mexicanos. Alguien que saneara de paramilitares el país, que reformara el sistema judicial mexicano o por lo menos que se aplicara con eficacia. Seguro que ahí como aquí en España habría un grupo radical facha que se encargaría de evitar que continuara con su labor.

Mucha gente en este país ha dedicado su vida para limpiar el nombre de sus familiares fusilados o muertos en la cárcel o campos de concentración por ser homosexuales, apoyar el frente popular, o por ser libre pensadores. Las mismas familias luchan para encontrar los restos de sus abuelos, padres o tíos, y darles una sepultura digna. Toda esta lucha reivindicativa está legislada y ejecutada desde el 2007 y cumple además con tratados internacionales de perseguir, condenar y resarcir crímenes contra la humanidad.

Los dinosaurios radicales y herederos del franquismo con sus tentáculos de manos limpias con todo y falanges está moviendo todo lo que pueden y se deja para no pagar sus justas deudas, aunque siempre quedarán a deber.

En mi dibujo, Garzón de frente y atrás de él toda la mierda que lo envuelve y que está a poco de suspenderlo de sus actividades, según dicen hasta por 20 años. El águila (uno de tantos símbolos franquistas) como tanque y con un brazo saliendo de su frente cual máquina de represión (pero con las manos y sus falanges limpias), los restos humanos asesinados por su régimen y todo llenos de los símbolos, que aún se pueden ver incluso hasta en la parroquia de Villagarcía.

Entre los pliegues de la justicia todo se esconde y todos pueden tener razón, es cuestión de interpretación y evidencias, tanto los que pueden después de muchos años juzgar a los culpables de sus atrocidades como también los asesinos de fusil y bolígrafo.

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