7 may. 2009

México se pone la mascarilla (lo que leí un domingo en el periódico el País)

Despúes que escuché en las noticias lo que pasaba en México hace ya casi dos semanas, en ese momento no tenía los medios para enterarme y los horarios no coincidían como para hablarle a mi familia y amigos. Al día siguiente compré el periódico el País y leí las noticias, el encabezado decía así -México se pone la mascarilla- y completaba la nota: La ciudad se tapó la boca y siguió viviendo. Los habitantes del Distrito Federal, acostumbrados a lidiar con la contaminación, el tráfico infernal, la inseguridad ciudadana y hasta el peligro siempre latente de terremotos, añadieron a su larga lista de incovenientes la amenaza de un nuevo tipo del virus de la gripe. Y lo hicieron con naturalidad...

Me pareció brutalemnete honesto, crudo y muy triste. Al ver las fotos de la ciudad desierta, los niños y adultos con mascarilla en el apretujado metro, saber que los partidos de fútbol se jugarían sin público me impresionó tanto. Pero al enterarme que los curas y élite religiosa darían sus misas, que les daba lo mismo, me dio mucha rabia, pero no me extrañó, con cientos de años de experiencia haciendo y diciendo pendejadas, se portaron a la altura.

Recordé entonces las citas en el Seguro Social de horas y horas de espera, en los Centros de Salud de las colonias populares que en ocasiones llegas a consulta y están cerrados, en la falta de medicamentos, en los puestos callejeros de comida, en las enfermeras que te dicen que te vayas a tu casa con dos aspirinas porque no tienes nada, en los políticos oportunistas, en los comerciantes abusivos. Según lo que me dijeron y lo que leí, estuvieron mejor de lo que todo mundo suponía, incluyéndome a mí.

Como era de esperarse durante diez días leí los periódicos del DF y de Guadalajara, vi los noticieros en la TV, leí los periódicos españoles, les pregunté a mis amigos y familiares, recibí un montón de mails con un montón de teorías y opiniones al respecto de la gripe. Despúes comencé a recibir también por mail los chistes, cumbias, ilustraciones y caricaturas burlándose del tema; además de divertirme mucho viendo, leyendo y escuchando tantas ocurrencias ,me tranquilicé bastante porque me sentía confundido y sumamente preocupado.



Aquí una nota del País donde responden a la pregunta de por qué mueren solo los mexicanos de la gripe porcina, para responderla usan la comparativa entre un hijo anónimo de un ciudadano mexicano y el hijo de un ex-candidato a presidente de México, ambos enfermaron de gripe, el hijo del ciudadano anónimo murió y el del político no, como era de suponerse.

Mi forma inútil de solidarizarme con los amigos y familiares es pintando un mono rojo confundido usando de soporte una mascarilla.

Mono rojo confundido, acrílico sobre mascarilla de 1€ para emergencias sanitarias


Dedicado con mucho cariño a todos los que nos sentimos y se sintieron: agripados, confundidos, timados, asustados, víctimas de un ataque terrorista, indiferentes, higiénicos, ascépticos, sucios, inseguros, desplazados, vacunados, atemorizados, encerrados, virtualizados, muy mexicanos, abrumados, reflexivos, enajenados, felices, normales, anormales, tamifluizados...

Por lo que he leído, en estos días todo volverá a la ¿normalidad?




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