31 oct. 2007

Todo va a algún lugar



La primera vez que supe de la muerte fue de niño ciando murió mi tío Fito, él jugaba conmigo al boliche y me llevaba a la tienda a comprarme dulces.

Diez años más tarde murió Salma, la primera mujer, hice tantas pinturas y dibujos pensando en su muerte. La amé con todo lo que pude, pero creo que ella nunca se enteró. Posiblemente después de su muerte me habrá escuchado

Hace dos años murió mi abuelo; fue como mi padre, mi maestro de ajedrez, con el conocí el torres 10, todos los boleros, tangos cantados en vivo por las tardes, en el piano mi abuelo y en la voz mi abuela. Me contaba sobre Escuinapa, sobre México, sobre su admiración a Hitler. Hacía bolitas de migajón y las juntaba en fila en la mesa a la hora de la comida. Recitaba todos los poemas de memoria, siempre había libros pa leer en casa. Su nombre clave era bachiller y se pasaba todas las tardes hablando con sus amigos por radio. En pocas palabras era Don Ramón. Le encantaba la canción de Azul de Agustín Lara.

Por último recordar a la tía María, una viejita que iba a la Iglesia todos los días, que se paseaba por las calles de Puebla y que en cada visita a su casa yo salía con mis bolsillos llenos de caramelos y de monedas de a peso, siendo niño y hasta hace algunos años. La tía María que dormía con la puerta abierta del cuarto de la vecindad donde vivió.

El poema lo hizo mi padre, la pintura la acabo de terminar para la exposición del 8 de noviembre en Casa de ensueños art gallery en Guadalajara, Jalisco.

Dedicado a la memoria de Jacqueline, su esposo Leo, mi tío Fito, la tia María, a Salma y a mi abuelo Don Ramón

Buen día de muertos, al final también el día de todos nosotros.

Augusto Metztli

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